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Dos canchas, dos países: histórico homenaje a Chapecoense

Dos canchas, dos países: histórico homenaje a Chapecoense

Miles de brasile√Īos y colombianos se reunieron en Chapec√≥ y en Medell√≠n para recordar a las 71 v√≠ctimas de la tragedia a√©rea. Fue en simult√°neo, a la hora en que deb√≠a comenzar la primera final de la Copa Sudamericana entre ambos clubes.

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Bajo la consigna “El f√ļtbol no tiene fronteras”, una multitud que desbord√≥ literalmente el estadio Atanasio Girardot de Medell√≠nhomenaje√≥ a Chapecoense y dem√°s v√≠ctimas de la tragedia a√©rea ocurrida el pasado lunes cerca a esta ciudad colombiana.

El estadio, que deb√≠a albergar la primera final de la Copa Sudamericana entre Atl√©tico Nacional y¬† Chapecoense, se convirti√≥ a la hora indicada para el comienzo del partido en un templo en el que colombianos y brasile√Īos fundieron sus voces para recordar a los 71 fallecidos en el siniestro y a los seis supervivientes.

“Campeones son todos los que perdieron la vida, nunca los olvidaremos”, rezaba una de las pancartas exhibidas entre la multitud que abarrot√≥ el Atanasio Girardot, en su mayor√≠a vestidas de blanco y con muchas banderas de Colombia y de Brasil.

En el exterior del estadio otra multitud que no consigui√≥ ingresar porque no hab√≠a m√°s lugares, encend√≠a velas y depositaba flores en la acera en homenaje a los 19 jugadores del Chapecoense, los 25 miembros del cuerpo t√©cnico, directivos e invitados, los 20 periodistas y los siete miembros de la tripulaci√≥n del avi√≥n Avro RJ85, de la compa√Ī√≠a boliviana Lamia que murieron en la tragedia.
Las otras seis personas, del total de 77 que llevaba el aparato, fueron rescatadas con vida y permanecen ingresadas en distintos hospitales de Medellín y sus alrededores.

ASI FUE LA TRANSMISI√ďN DESDE ESTADIO DE ATL√ČTICO NACIONAL:

Uno de los momentos m√°s conmovedores de la noche en Medell√≠n se produjo cuando un toque de corneta marc√≥ el minuto de silencio en memoria del “eterno Chapecoense” que llev√≥ a las l√°grimas a muchos.

Los jugadores del club colombiano ingresaron en el campo con un uniforme negro y llevando cada uno un manojo de flores. Acto seguido, la banda militar interpret√≥ una marcha f√ļnebre mientras el alcalde de Medell√≠n y el gobernador de Antioquia depositaban coronas de flores en el centro del campo.

En Chapec√≥, tras dos d√≠as en la oscuridad, la ciudad se desahog√≥ como se sacan las penas en un campo de f√ļtbol, con tambores, banderas y cantos de aliento a un equipo que ya no est√°, pero que nunca se ir√° del Arena Cond√°.

Las mismas tribunas que rebosaban hace una semana, cuando el Chapecoense vivi√≥ la noche m√°s importante de su historia, volvieron a llenarse como si la hinchada de este club al que le robaron la vida las monta√Īas de Medell√≠n quisiera desafiar a la tragedia. Volaban los j√≥venes de la barra, cantando los himnos de sus guerreros m√°s fuerte que nunca, mientras la ciudad vest√≠a de verde y blanco un Arena Cond√° rabioso con su suerte, que prepara un velorio colectivo que el viernes espera reunir a 100.000 personas.

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Y como en las grandes noches continentales del Verdao, las de los cuatro penales atajados al laureado Independiente, la goleada a Junior y la gesta ante San Lorenzo, a las 21:45 hora local se aplaudió a rabiar la alineación en la pantalla gigante.

Pero esta vez no era una presentaci√≥n, sino una despedida. La de los sonrientes futbolistas vestidos de verde que aparec√≠an uno por uno en la pantalla. La de los directivos y empleados que ayudaron a reconstruir el club y viajaban con ellos, y a los periodistas que le contaron a Brasil la historia de la Cenicienta sudamericana. Tras verlos de nuevo a todos, el Arena Cond√° explot√≥ en el grito de “¬°Campeones, campeones!“.

Nadie ocupará ya ese vacío.

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